Cuando te dan otra oportunidad

Por: Teo Veras

El escenario

Diciembre 14, 1999. Un día cualquiera que no sientes nada extraño en tu organismo y realizas todas tus actividades de forma normal.

En búsqueda de asistencia para determinar qué me produce una ligera protuberancia en el dedo meñique de la mano izquierda, el ortopeda Dr. Francisco Fanith me sugiere realizar con un cardiólogo una prueba de esfuerzo como rutina. Dentro de la velocidad de mis actividades (sobre todo en diciembre) acepto no de muy buena gana.

La cita se produce a las 4 de la tarde de ese mismo día. Por los resultados, el cardiólogo Dr. Carlos Peña Mercedes decide practicarme un ecocardiograma. Las dos pruebas se completan y arrojan un veredicto: es necesario realizar un cateterismo para completar el diagnóstico. Esto naturalmente a mediados del mes de diciembre me sonó extremadamente quirúrgico e inoportuno.

Entonces culpo a mi vida sedentaria, comidas desordenadas, falta de ejercicio. En fin, trato de razonarle al Dr. Peña Mercedes mi intención de yo mismo resolver ese inconveniente con una serie de caminatas, bicicleta, dieta baja en grasas. Y que en enero volvía para realizar otra prueba de esfuerzo. El cardiólogo definitivamente no quedó convencido con mis argumentos.

Al pasar los días cumplí con la promesa del ejercicio frecuente y la dieta baja en grasas. Me sentía de maravilla.

Hasta que el miércoles 12 de enero 2000 mientras transmitía mi programa recibí la llamada de otro amigo médico el Dr. Rafael de Castro, siempre al tanto de mi salud, quién prácticamente me obligó a por lo menos escuchar una segunda opinión médica sobre los exámenes practicados. A lo que accedí a regañadientes.

La cita se concertó para las 11 de la mañana de ese mismo día. Al llegar a la unidad de cardiología el Doctor Ricardo Pérez Pandelo revisó los resultados de las pruebas anteriores y llegó a la misma conclusión: es urgente practicar un cateterismo. Evidentemente se produjo una coincidencia entre los galenos que me puso a pensar seriamente en el caso. Para ganar mi confianza, el Dr. Pérez Pandelo me explicó la sencillez del procedimiento y me mostró algunas películas del proceso. Indicándome que existía la posibilidad de corregir la lesión mediante el mismo. 

Dentro de mi impresión, confusión y la poca actividad que acompaña el mes de enero, le acepté someterme a la prueba con la condición de que se realizara de inmediato. Esta se pautó para la 1 de la tarde de ese mismo miércoles.

La realidad

Y fue aquí cuando empezó todo. Al presenciar a través de las pantallas la visión del catéter, quedó completado el diagnóstico tal y como pronosticaron los galenos. Con el agravante de que las lesiones que presentaban las arterias coronarias solo podían ser reparadas mediante cirugía y con la recomendación de hacerlo lo más rápido posible. En ese momento sentí que debía actuar de inmediato.

Esa noche del miércoles 12 la pasé en cuidados intensivos agotando la convalecencia normal de ese proceso y al día siguiente (jueves 13) a las 4 de la tarde ocupaba un puesto en un vuelo para la ciudad de Miami, en donde mi amigo de infancia y antiguo compañero de profesión en la carrera de medicina el Dr. Julio César Lora Sánchez, cardiólogo-internista, que después de conocer vía telefónica los resultados del cateterismo, nos esperaba para ingresarnos esa misma tarde al hospital.

La ocurrencia de fiebres esporádicas de baja intensidad producidas entre otras cosas por los remanentes de un resfriado y el mismo proceso del cateterismo, no permitieron la intervención quirúrgica inmediata. Mientras para mí las horas y minutos de espera se volvían eternos, con la única compañía de la potente voz de una señora muy entrada en años, que desde la habitación del frente pasaba las horas del día y la noche llamando a viva voz a todo el que cruzaba por el pasillo, imposibilitándome la recepción de la radio y la TV.

El domingo 16 en la tarde para paliar el aburrimiento, entablé una agradable conversación con la enfermera de turno en donde intentaba razonarle que en vista de la abundancia de pelo que en todo el cuerpo me caracteriza, para ganar tiempo era preferible que yo mismo me afeitara las áreas en donde se realizaría la intervención. Su primera respuesta fue negativa en vista de que no estaba registrado en el record y ella no tenía autorización para desconectarme el monitor cardíaco inalámbrico que me fue colocado desde el día del ingreso hasta el final. Luego le sugerí que llamara al Dr. Lora para preguntar si lo permitía.

Así lo hizo y en unos 15 o 20 minutos se apareció con 6 afeitadoras, algunas toallas y una sonrisa donde me comunicaba que el Dr. Lora no tenía inconvenientes en que me rasurara. Pregunté el porqué tantas rasuradoras y ella graciosamente me contestó que debía afeitarme toda la parte delantera desde el cuello hasta los pies. ¿A que usted se refiere con todo? pregunté. Y ella respondió, incluyendo también lo que usted piensa. 

Entendía que era una exageración, puesto que la cirugía se realizaría solo en el pecho, entonces me comunicó que toda el área anterior del cuerpo debía estar rasurada porque de ser necesario se podían extraer algunas venas de los muslos y piernas. Luego de ese muy buen razonamiento me despojé de los electrodos del monitor, entre a la bañera y procedí a afeitarme. Lo hice tan completo que hasta incluí el bigote, compañero inseparable desde hace 30 años. Al terminar lucía algo así como "medio" hombre lobo.

Al despuntar el alba del lunes 17 de enero del 2000 el personal auxiliar de la sala de cirugía del Cedars Medical Center se presentó en mi habitación para iniciar el proceso quirúrgico. Su primera gran sorpresa fue la total y perfecta rasurada, obviamente les ahorré trabajo. Mientras pensaba y me regocijaba que al haberlo hecho con tiempo más que suficiente, me permitiría disfrutar de un proceso post-operatorio sin "pelitos" entre las sábanas. Tuve razón.

Al llegar al quirófano (alrededor de las 7:00 de la mañana) no tardé en entregarme a los brazos de Morfeo conducido por una oportuna inyección intravenosa suministrada por el anestesista. De aquí en adelante les confieso que ni soñé. No recuerdo nada hasta que desperté a eso de las 3 de la tarde en la unidad de cuidados intensivos, totalmente aturdido y obviamente con un ligero dolor en el pecho. El resultado de ese "blackout" fue la sustitución de cuatro arterias por el team de cirugía de corazón del Dr. James Jude. En el lenguaje ya popular: cuatro "bypass".

En cuidados intensivos estuve unas 26 horas hasta el martes 18 a las 2 de la tarde, siendo trasladado de nuevo a la habitación, en esta parte entablé una "especial amistad" con una simpática almohadita roja en forma de corazón que me permitía presionar mi pecho cuando tosía, ayudándome a no ver las estrellas cuando esto sucedía. Allí estuve hasta el viernes 21 de enero a las 4 de la tarde cuando se me dio de alta. Estaba yo vestido y dispuesto a salir cuando escucho una voz autoritaria en el pasillo reclamándome sentar en una silla de ruedas. Aquí no valió ningún razonamiento. Salí del hospital hasta el vehículo como todo un paciente.

La convalecencia

Atendiendo una gentil invitación de los señores Emile & Nilda De Boyrie nos dirigimos a su hogar en donde completamos la segunda fase del período de recuperación hasta el día 6 de febrero del 2000 cuando retornamos al país. Esta sin dudas se perfilaba como una de las partes más difíciles de todo el proceso, en vista de que nunca antes permanecí tanto tiempo inactivo.

De no ser por los esmerados cuidados recibidos, la constante y exacta vigilancia en la administración de las medicinas recetadas, la llegada de mi hija Purissa, las agresivas inversiones de Diego a través del Internet, las discretas y adolescentes excentricidades de Justin, las periódicas visitas de Don Víctor y Doña Celia (padres de Nilda), el acompañamiento fiel y permanente de las perras Sasha y Tess mientras tomaba el sol, las muy contadas escapadas a las tiendas de computadoras, efectos electrónicos y de discos de los Mall, acompañar a Emile en ocasiones en su reporte económico a través del programa, la escucha frecuente de la radio, el sonado caso de la visita de las abuelas del niño Elián González (cuya cobertura televisiva encontré exagerada), y mi inseparable Laptop, les confieso que hubiese sido insoportable.

La moraleja

De acuerdo a los médicos mi corazón volvió a nacer ya que con el sistema de irrigación cardiaca cambiado, si antes tenía fuerzas para realizar mis actividades ahora tendré más. Existen algunas restricciones tolerables: evitar por todos los medios aumentar el colesterol, esto incluye comer lo que me plazca con moderación, un régimen permanente de ejercicios diarios, y por supuesto una aspirina diaria de por vida. Nada difícil de cumplir.

Probablemente si me hubiese sometido a estas sencillas y rápidas pruebas antes como prevención hubiese sido posible resolverlo con el simple catéter. De no habérmelas hecho quizás hoy no hubiese podido contar la experiencia.

La moraleja de esta historia es que se me concedió otra oportunidad para seguir viviendo. ¿Cuántos tuvieron que esperar infartos para tratarse? ¿Cuántos no lo sobrepasan? Una de las ventajas que presentaba mi caso fue haber ingresado a la sala de cirugía por mis pies y no como resultado de una emergencia. Esto permitió a los cirujanos trabajar con un músculo cardíaco sano no lesionado.

Dedíquese tiempo. Búsquelo y apártelo. Aproveche que hoy le cuento esta experiencia para actuar. Para que este caso que afortunadamente me ocurrió le sirva de ejemplo y pueda usted contarlo.

Al final no quiero pasar por alto las manifestaciones de cariño, llamadas, tarjetas, flores, visitas y soporte de familiares, amigos, compañeros de trabajo y personas especiales que nos acompañaron en esta jornada. Así como también a los oyentes por su paciencia.

Gracias a Dios y a todos por esta nueva oportunidad.


De otro lado, y por considerarlo de interés...

COMO SOBREVIVIR A UN ATAQUE AL CORAZON CUANDO SE ENCUENTRA SOLO
Publicado por The Mended Hearts, Inc. publication, Heart Response

Digamos que usted va camino a su casa aproximadamente a las 6:15 p.m.(sólo, por supuesto), después de un duro día de trabajo.

Usted va realmente cansado y agobiado. De repente, empieza a experimentar severos dolores de pecho que se extienden por todo su brazo llegando hasta su mandíbula.

Usted se encuentra a sólo cinco kilómetros del hospital más cercano de su casa, desafortunadamente usted sabe que no le dará tiempo de llegar tan lejos.

¿Qué puede hacer?.Tal vez Usted fue entrenado en Respiración Cardio Pulmonar, pero en el curso es probable no le enseñaron a darse RCP a usted mismo.

QUE HACER?

(Desde que muchas personas estando solas han sufrido un ataque al corazón, el siguiente artículo ha sido difundido).

Sin ayuda, la persona cuyo corazón deja de latir apropiadamente y que empieza a sentirse mareado, tiene solamente cerca de 10 segundos antes de perder la conciencia.

Estas víctimas pueden ayudarse ellas mismas, tosiendo vigorosamente repetidas veces. Deben respirar profundamente antes de cada tosida, y la tos debe ser profunda y prolongada, como cuando se quiere sacar flema y escupir por medio del tosido.

La acción de tomar aire y toser debe repetirse cada dos segundos sin cesar hasta que llegue la ayuda, o hasta que sienta que el corazón le empieza a latir normalmente.

Respirar profundamente llena de oxígeno los pulmones y los movimientos al toser hacen mover el corazón y ayuda a la circulación de la sangre.

Los movimientos de la presión sanguínea en el corazón ayudan a regenerar su ritmo normal.

De esta forma, las víctimas de un ataque al corazón pueden llegar con vida al hospital.

Avise a cuantas personas le sea posible acerca de esta técnica, la cual ayudará a salvar sus vidas!.

 

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