Acerca del Estilo: Pocas palabras y mucho contenido

Publicado en 12. ene, 2010 por Teo Veras en Artículos

Los maestros del estilo aconsejan reducir a la mitad las páginas que se haya escrito y, en la mayoría de los casos, echar al safacón la mitad que queda.
Un buen jefe de Redacción advertirá a sus reporteros que las noticias que necesitan más de dos cuartillas no son noticia.

Estos principios representan el doble de su valor si de lo que se trata es del estilo del periodismo de radio y televisión.

La noticia de radio es prácticamente un “lead” dividido en tres o cuatro párrafos, cuya redacción descarta lo que no se refiera al contenido directo y claro de cada palabra.

La “facundia vil” es un vicio del idioma castellano con el que el dominicano nace, y que desarrolla como tal en la medida en que avanzan y se especializan sus estudios.

La inmensa mayoría de los trabajos de tesis, monográficos y hasta cartas personales tiene, por lo general, dos tercios más de las palabras necesarias para decir lo que se quiere.

Al común de las personas que por oficio o necesidad coyuntural le toca escribir, quiere hacerlo de manera que impresione o aplaste al destinatario.

La grandilocuencia, los circunloquios, la pomposidad del uso o atribución de títulos académicos u honoríficos, los adjetivos -”facundia vil”, en dos palabras-, ilegibilizan la comunicacion y, en casi todas las ocasiones, le impiden comunicar lo que quisiera.

Se conoce la anécdota del político que se dirigió a una audiencia corriente en los términos más rebuscados. Al terminar, uno de sus oyentes, quien aplaudía con frenesí, le comentó al vecino: “no entendí nada, pero qué bien habló”.

La primera batalla que deben ganar los periodistas -prensa, radio y televisión-, es la que deben librar desde que nacen contra la “facundia vil”.

La expresión periodística acepta que se escriba, porejemplo, “presidente Fernández” o “secretario de Trabajo”. En la medida en que una crónica avanza y se hace necesario repetir, bastará con escribir “Presidente” o “Secretario”.

La mayoría de las crónicas que se escucha y/o ve en radio y televisión no sólo endilgan el “presidente de la República” sino que le dan todos sus nombres, apellidos y título al “doctor Leonel Antonio Fernández Reyna”.

Los periodistas que reportan desde los lugares de los hechos o los locutores que leen en las cabinas o en pantalla tomarán de esa manera mucho más tiempo y correrán mayor riesgo de equivocarse en la pronunciación.

El caso es similar con el uso redundante y vicioso del gentilicio “dominicano” en los nombres de instituciones, a las que por lo general se da una sigla para referirse a ellas con sólo una palabra, después de mencionarlas por primera vez.

Será suficiente con escribir Corporación de Electricidad, Instituto de Seguros Sociales, Asociación Médica y, más adelante en la crónica, Corporación o CDE, Instituto o IDSS, o Asociación o AMD.

El gentilicio sólo se explica y justifica, porejemplo, si la crónica se refiriera a la Corporación Guatemalteca de Electricidad, el Instituto Checo de Seguros Sociales o la Asociación Médica Brasileña.

En los diarios y noticieros de radio y televisión se pretexta el asunto de la presión del tiempo de cierre y salida como excusa para las incorrecciones gramaticales y de estilo en las crónicas que se publica.

La corrección de estilo en un matutino, en un vespertino o en un noticiero de radio o televisión debe tener un nicho de tiempo en la programación del trabajo que se realiza, de la misma manera en que lo tiene la redacción de noticias, comentarios y editoriales.

Un traje de la mejor tela y con la mejor confección echa a perder esa calidad de género y de corte si sus botones no encajan con los ojales.

Utilizar con propiedad el lenguaje hablado o escrito permite dar a las palabras su significado preciso. En la comunicación, el uso vicioso de las palabras es un “ruído” que la dificulta y que, en casos, la imposibilita.

El periodista escribe para comunicar y esto hay que hacerlo de manera directa, precisa y sencilla. La belleza del estilo periodístico estriba en la mayor claridad con que sus textos transmitan la información.

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